Sueños mitológicos: La pesadilla de Fuseli
La pesadilla, con su íncubo oprimiendo el pecho de una doncella núbil y el equino espeluznante al fondo, es una de las obras más reconocidas de Fuseli (1741 - 1825). En esa época, durante los siglos XVIII y XIX, se usó íncubo como sinónimo de nightmare(pesadilla) en el folclore anglosajón; la parte 'mare' en 'nightmare' proviene de los términos germánico 'mahr' y nórdico 'mara', que se refieren a un ser sobrenatural que se acuesta sobre el pecho de una persona dormida y la asfixia. Se creía que estas 'mara' montaban a caballo por la noche; de hecho, en noruego y danés, las palabras para "pesadilla" son mareritt y mareridt respectivamente, que pueden traducirse directamente como "paseo en yegua". En consecuencia, la yegua y el íncubo en el cuadro de Fuseli no solo aluden a una pesadilla, sino también a su origen mitológico.[1]
Para delinear la naturaleza de esta criatura, nada mejor que los versos de Erasmus Darwin (1731 - 1802), que según Janson fueron inspirados en el lienzo inacabado de Fuseli:
Así pues, en su deambular nocturno a través de la bruma,
La diabólica criatura revolotea sobre marismas, lagos y pantanos;
Busca una doncella perdida en una pasión, por el sueño acariciada,
Desciende y, con una siniestra sonrisa, se posa sobre su pecho.[2]
Análogamente, Shakespeare ha descrito, en los famosos versos de Romeo y Julieta, la labor de la reina Mab: «Es ésta la bruja que oprime el pecho de las muchachas que duermen boca arriba y les enseña a soportar el peso de los hombres cuando llegan a ser mujeres».[3]
Y antes del bardo de Avon, Levinus Lemnius (1505-1568), teólogo y estudiante de medicina de los Países Bajos, explicó la causa de estos malos sueños en las mujeres:
Este hecho debe ser observado y advertido en todas las doncellas jóvenes y vírgenes lujuriosas, que permanecen mucho tiempo sin casarse, o que por profesión de castidad se les prohíbe casarse. Porque debido a sus movimientos rebeldes de lujuria, debido a sus llamas secretas y afectos ardientes, están pálidas, y no tienen una complexión agradable, sus mentes están inquietas y fuera del marco tranquilo, por medio de un vapor travieso que asciende hacia arriba y perturba su brío. Y sucede que a veces en la imaginación, pensando que se acuestan con los hombres al mirarlos o tocarlos, se perturban en su sueño por la night Mare y los eflujos de la semilla, con las cuales se contaminan a sí mismas durante la noche. De ahí resulta el temblor y el estremecimiento del corazón, a causa de los humos groseros, que penetran la cubierta o ataúd del corazón, llamado pericardio, y se extienden pesadamente sobre el cuerpo presionándolo hacia abajo como si fueran night Hegges, o Hobbegobblins.[4]
Estas figuras mitológicas que atormentan a las mujeres podrían representar heridas psicológicas reales. Su recurrencia temática revela inquietudes auténticas que podrían haber afligido a gran parte de la humanidad. Para Freud, los mitos eran los sueños de la humanidad cuando era más joven; por ejemplo, planteó la relación entre el fuego y el coito en diferentes culturas, y también la relación ambivalente entre padre e hijo. Para él, ciertas imágenes en los sueños representaban las inquietudes psíquicas de naciones enteras.
La sexualidad era motivo de inquietud durante la edad media, pero no de la misma forma en hombres y mujeres. El pecado del adulterio se consentía sin severidad en hombres; en cambio, el adulterio femenino no solo era un pecado, sino también motivo de castigo. De igual forma, se consideraba la masturbación femenina una abominación. El Malleus maleficarum[5] se expresa así de las mujeres:
Y el hecho de que (la mujer) sea más peligrosa que una trampa no habla de las trampas de los cazadores, sino de los demonios. Pues los hombres son atrapados, no sólo por sus deseos carnales, cuando ven y oyen a las mujeres; porque San Bernardo dice: "Su rostro es un viento quemante, y su voz el silbido de las serpientes"; pero también provocan encantamientos en incontables hombres y animales. Y cuando se dice que el corazón de ellas es una red, se habla de la inescrutable malicia que reina en su corazón. Y sus manos son como lazos para amarrar, pues cuando posan sus manos sobre una criatura para hechizarla, entonces, con la ayuda del demonio, ejecutan su designio.
Para terminar. Toda la brujería proviene del apetito carnal que en las mujeres es insaciable. Véase Proverbios, xxx: "Tres cosas hay que nunca se hartan; aun la cuarta nunca dice basta": la matriz estéril.[6] Por lo cual, para satisfacer sus apetitos, se unen inclusive a los demonios.
Esta mentalidad me recuerda la película Las torturas de la inquisición (1970) en la que aparece un inquisidor con una lujuria insaciable; viola a todas las brujas hermosas antes de quemarlas. Su obsesión por la belleza y sensualidad femenina puede explicarse con el desdén que siempre recibió de ellas. El rechazo a su apariencia genera un afán desmedido por perseguirlas a cualquier precio. Conforme progresa la trama, surge otro cazador más célebre, culto y ortodoxo, y más sanguinario (porque encarcela a niños y a nobles); para este cazador, perseguir a las brujas es una cuestión personal relacionada con su impotencia, de ahí procede toda su frustración y cólera.
En esa época, el sexo era un tema que causaba bastante ansiedad en las personas, especialmente en las mujeres que experimentaban sentimientos de culpa debido a pensamientos lujuriosos. Para Hartmann, los sueños contextualizan las emociones. Según él, no es el conflicto, la pérdida o la enfermedad en sí mismos los que generan pesadillas, sino más bien las emociones que surgen al enfrentarnos a estos problemas que nos perturban; y esas emociones primarias son el miedo, la incertidumbre y la indefensión.[7]
Cuando un asunto causa tanta preocupación y ansiedad a una sociedad, los sueños individuales pueden tener coincidencias temáticas colectivas. Por ejemplo, se han llevado a cabo investigaciones sobre los efectos psicológicos del virus COVID-19 en los sueños. Barrett realizó un estudio comparativo entre los sueños de 2888 adultos antes y durante la pandemia. Sus hallazgos confirmaron una continuidad temática entre los sueños y las preocupaciones diurnas. Además, observó que los temas relacionados con la muerte eran tres veces más frecuentes en los sueños durante la pandemia en comparación con los sueños normativos previos.[7]
En una época de fuerte represión, los sueños se convierten en un reducto subconsciente para manejar las preocupaciones, ofreciendo una válvula de escape para procesar los miedos y las ansiedades del entorno social. El contenido onírico se transforma en imágenes que expresan sentimientos primordiales, dando forma a los traumas mitológicos de la humanidad. La pesadilla de Fuseli representa esos traumas, señalando no solo nuestros miedos, sino también, con el giro del demonio hacia el espectador, que somos nosotros, en nuestra propia historia, los creadores de pesadillas.
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Referencias
- https://getd.libs.uga.edu/pdfs/davison_melanie_201605_ma.pdf
- https://www.gutenberg.org/ebooks/10671
- Freud, Sigmund. La interpretación de los sueños. Traducida por Luis López-Ballesteros, 1900, Titivillus.
- https://www.researchgate.net/publication/51607303_Night-mare_and_its_treatment
- https://www.pensamientopenal.com.ar/system/files/2007/04/doctrina32158.pdf
- Hay tres, y hasta cuatro cosas que nunca quedan satisfechas: la mujer estéril que pide hijos, la tierra que pide más agua, el fuego que pide más leña y la tumba que pide más muertos. https://www.biblegateway.com/passage/?search=Proverbios%2030&version=TLA
- Coolidge, Frederick L. The Science of Dream Interpretation, 1st Edition.
