Oraciones breves vs oraciones largas
¿El ritmo de lectura se acelera con oraciones cortas y se ralentiza con oraciones largas? ¿Cuántas palabras componen una oración corta? ¿Cómo influye la longitud de las oraciones en los textos narrativos y en los lectores? En esta publicación responderé a estas preguntas.
Los manuales de estilo y otros estudios
Los manuales de estilo de las distintas disciplinas recopilan convenciones formales relativas a cómo redactar correctamente. La mayoría de manuales de estilo recomiendan mantenerse en un rango de 15 a 20 palabras por oración[1] para mejorar la comprensión.
Se cree que la comprensión es inversamente proporcional a la longitud de la oración. Por ejemplo, en un estudio del Instituto Americano de Prensa se ha demostrado que cuando las oraciones de un texto se acercan a las 14 palabras, el 90% de los lectores comprende lo que lee; sin embargo, cuando se acerca a las 43 palabras, la comprensión cae a menos del 10%.[2]
De manera similar, hay otro estudio que sugiere que la longitud óptima oracional para estudiantes es de entre 50 y 130 caracteres. En este caso, cuando una oración se acerca a los 140 caracteres, la carga cognitiva aumenta y, en consecuencia, dificulta la comprensión lectora.[3]
Tanto los manuales de estilo como los estudios de comprensión lectora coinciden en que las oraciones más cortas tienden a ser más fáciles de entender. Entonces, ¿el ritmo de lectura se acelera con oraciones cortas y se ralentiza con oraciones largas?
Si bien las oraciones más cortas tienden a facilitar un ritmo de lectura más rápido y una mejor comprensión, también hay otros factores que pueden influir como las palabras difíciles, la estructura de los párrafos y la fluidez del estilo. La longitud de las oraciones incide en la comprensión, pero no es el único factor.
En el ámbito de los textos narrativos, la longitud de las oraciones no necesariamente dificulta la comprensión. Por ejemplo, los incisos añaden información adicional (como acciones o descripciones) sin hacer que la oración sea inherentemente más compleja. Además, creo que a medida que el lector se familiariza con el estilo del escritor durante la lectura, su capacidad para procesar y comprender esa información mejora; es decir, una exposición continua a determinadas estructuras oracionales, hará que el lector mejore sus habilidades para comprenderlas. Sin embargo, si bien el mensaje se entiende, ¿qué sucederá con el ritmo narrativo?
La longitud de las oraciones en los textos narrativos
Se cree que la alternancia de oraciones de diferentes longitudes aporta un efecto particular en la narrativa. Según la narratología geneteana, la narración se ralentiza cuando la acción presenta descripciones escénicas, efecto que se amplifica con oraciones más largas.
Compare los siguientes ejemplos que mezclan descripción y acción de forma diferente.
El siguiente fragmento contiene descripciones que permiten entrar en la mente del personaje:
Oraciones: 3 Palabras: 98Todavía me acompaña el recuerdo de aquellos felices años de infancia, como si fuese un sueño bendito. ¡Ay!, como un país lejano, maravilloso, donde habitan la alegría y la jovialidad sin aflicción de un entendimiento infantil y despreocupado, yace mi hogar, ahora tan distante, pero cuando miro hacia atrás se abre ante mí el abismo que me separa eternamente de él. Arrebatado por un anhelo ardiente, intento evocar reiteradamente y cada vez con mayor intensidad a mis seres queridos, que entreveo allá, como deambulando en la luz purpúrea del amanecer; y me figuro que percibo sus dulces voces.
—E. T. A. Hoffmann, Los elixires del diablo.
El siguiente fragmento nos impulsa a través de los eventos de una situación caótica, hay un estado de expectación constante:
Oraciones: 10 Palabras: 144Escuchó el eco de sus gritos, entre el chasquido del agua. Estaba hecho una sopa, muerto de frío. Siguió andando, sin rumbo, moviendo la boca, golpeándose las piernas con el palo. Era el atardecer, pronto sería noche, todo esto era tal vez una simple pesadilla y el suelo cedió bajo sus pies. Antes de chocar contra el fondo, comprendió que había pisado una enramada que disimulaba un agujero. El golpe no lo hizo perder el sentido: la tierra estaba blanda por la lluvia. Se enderezó, se tocó brazos, piernas, la espalda adolorida. Buscó a tientas la faca de Rufino que se le había desprendido de la cintura y pensó que hubiera podido clavársela. Intentó escalar el hueco, pero sus pies resbalaban y volvía a caer. Se sentó en el suelo empapado, se apoyó en el muro y, con una especie de alivio, se durmió.
—Vargas Llosa, La guerra del fin del mundo.
Utilizar estratégicamente la longitud de las oraciones (junto con la acción y la descripción) parece influir en el ritmo narrativo; sin embargo, lea los siguientes ejemplos.
El siguiente fragmento avanza, a pesar de su longitud, sin perder el ritmo.
Oraciones: 1 Palabras: 170Amadís se fue para Ardán Canileo, el cual fue luego enflaquecido en ver así su muerte, y pensando no hallar guarida ni remedio, quiso tomar el escudo a Amadís como él se lo había tomado, mas el otro, que cerca de sí lo vio, diole un golpe por cima del hombro izquierdo, en tal manera que le cortó las armas y gran parte de la carne y de los huesos, y como vio que había perdido la fuerza del brazo, desvióse por el campo con el gran miedo que a la espada tenía, mas Amadís andaba tras él y desde que lo vio cansado y desacordado trabóle por el yelmo tan reciamente que lo hizo a sus pies caer y llevó el yelmo en sus manos y fue luego sobre él de rodillas, y cortándole la cabeza puso gran alegría en todos, especial en el rey Arbán de Norgales y Angriote de Estravaus, que muchas angustias y dolores habían pasado cuando vieron a Amadís en el estrecho que ya oísteis.
—Garci Rodríguez de Montalvo, Amadís de Gaula
En este fragmento, la descripción con oraciones cortas permiten una observación rápida de cada elemento, acumulando detalles del paisaje; nos mantiene atentos a cada cambio en el escenario.
Oraciones: 11 Palabras: 155Anochece. Se oye el traqueteo persistente de un carro; tintinea a intervalos una esquila. El cielo está pálido; la negrura ha ascendido de los barrancos a las cumbres; los bancales, las viñas, los almendros se confunden en una mancha informe. Destacan indecisos los bosquecillos de pinos en las laderas. La laguna desaparece borrosa. Y vibra una canción lejana que sube, baja, ondula, plañe, ríe, calla… El campo está en silencio. Pasan grandes insectos que zumban un instante; suena de cuando en cuando la flauta de un cuclillo; un murciélago gira calladamente entre los pinos. Y los grillos abren su coro rítmico: los comunes, en notas rápidas y afanosas; los reales, en una larga, amplia y sostenida nota sonora. Ya el campo reposa en las tinieblas. De pronto pardea a lo lejos una fogata. Y de los confines remotos llega y retumba en todo el valle el formidable y sordo rumor de un tren que pasa…
—Azorín, Antonio Azorín.
Una oración —dice Ursula K. Le Guin— no funciona como oración narrativa si su orden es tan inesperado, o sus adjetivos y adverbios tan llamativos, o sus símiles o metáforas tan deslumbrantes, que detiene al lector, incluso para decir ¡Ooh! [...] La prosa narrativa, compuesta en su mayor parte por oraciones largas y complejas, llenas de cláusulas incrustadas y todo el resto del armazón sintáctico, requiere cierto cuidado. Las oraciones largas deben manejarse con cuidado y conocimiento, construirse con solidez; sus conexiones deben ser claras, para que fluyan y lleven al lector con facilidad. Las conexiones maravillosamente flexibles de una sintaxis compleja son como los músculos y tendones del cuerpo de un corredor de fondo, preparados para establecer un buen ritmo y seguir adelante. [...] La longitud de una oración en buena prosa se establece por el contraste y la interacción con las oraciones que la rodean y por lo que dice y hace.[4]
Una historia es un viaje —dice Jack Hart—, y los viajes pueden ser tediosos o fascinantes. Viajar a cien kilómetros por hora en una autopista que atraviesa una llanura sin accidentes puede volverte loco. Un viaje en coche por un paisaje ondulado, con paradas frecuentes para explorar pintorescos pueblecitos, puede ser un domingo muy satisfactorio. Un buen escritor entrelaza numerosos momentos cumbre en su obra, llevando a los lectores de uno a otro sin darles tregua. «Cada escena tendrá un clímax, dice el agente literario Peter Rubie, y una definición de ritmo es la rapidez con que una narración pasa de un punto culminante a otro».[5]
En una historia, las oraciones se unen de manera más profunda que simplemente estar unidas en la superficie. La complejidad del discurso narrativo no puede reducirse a reglas simples, sino que requiere adaptación constante a las necesidades de la historia.
Referencias
- https://www.eia.gov/about/eiawritingstyleguide.pdf
- https://www.wyliecomm.com/2023/06/why-use-short-sentences/#_ftn1
- https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/03055690701811164
- Le Guin, U. K. (2015). Steering the Craft: A Twenty-first Century Guide to Sailing the Sea of Story. Estados Unidos: Mariner Books, Houghton Mifflin Harcourt.
- Hart, J. (2011). Storycraft: The Complete Guide to Writing Narrative Nonfiction. Reino Unido: University of Chicago Press.

Muy interesante todo lo que expones. Y los ejemplos lo hacen aun más educativo.