El sueño en pareja y su interpretación en La insoportable levedad del ser

Salvador Dalí, Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes del despertar (1944).

Las teorías de Freud forman parte del repertorio de referencias intelectuales que Kundera exploró al crear su obra más importante, La insoportable levedad del ser. El escritor checo concebía el sueño como un mensaje cifrado, dotado de un potencial estético inherente. Por esta razón, la dimensión onírica adquiere una lógica racional, pues pone de manifiesto los conflictos particulares de los protagonistas y el entorno que los rodea. Sin embargo, también hay elementos abiertos a la interpretación y que podrían relacionarse con la obra de Freud y los sueños de pareja. Uno de esos elementos aparece en el sueño que Kundera examina con mayor detenimiento.

El sueño en cuestión es el siguiente:

En otro ciclo de sueños, la enviaban a la muerte. Una vez, en medio de la noche, él la despertó cuando gritaba aterrorizada y ella le contó: «Había una gran piscina cubierta. Seríamos unas veinte. Todas mujeres. Todas estábamos desnudas y teníamos que marchar alrededor de la piscina. Del techo colgaba un cesto y dentro de él había un hombre de pie. Llevaba un sombrero de ala ancha que dejaba en sombras su cara, pero yo sabía que eras tú. Nos dabas órdenes. Gritabas. Mientras marchábamos teníamos que cantar y hacer flexiones. Cuando alguna hacía mal la flexión, tú le disparabas con una pistola y ella caía muerta a la piscina. Y en ese momento todas empezaban a reírse y a cantar en voz aún más alta. Tú no nos quitabas los ojos de encima y, cuando alguna volvía a hacer algo mal, le disparabas. La piscina estaba llena de cadáveres que flotaban justo debajo de la superficie del agua. ¡Y yo me daba cuenta de que ya no tenía fuerza para hacer la siguiente flexión y de que me ibas a matar!».

Kundera explica que la desnudez en todas las mujeres del sueño simbolizaba la uniformidad y la humillación de los campos de concentración. El canto y las risas exponían la diferencia de estado anímico entre Teresa y el resto de sus compañeras, pues temía morir. El disparo de Tomás, y el hecho de que todas estén allí siguiendo sus ordenes, significa el autoritarismo que él ha ejercido en la vida de Teresa, pues él fue quien tomó todas las decisiones en su relación.

Además de los significados previamente expuestos, podría desentañar otros elementos que amplien esta interpretación. Para hacerlo, recurriré a una herramienta que no pensé que fuese a ser útil: el bisturí psicoanalítico. Sin dar demasiadas vueltas, resumiré mi interpretación:

Teresa recibe órdenes, gritos y un posible castigo en el sueño. Esto podría vincularse con deseos ilícitos o comportamientos inaceptables. Por otro lado, la incapacidad de cumplir con las demandas impuestas y el cansancio podrían reflejar sus errores, como una autocensura y autoevaluación crítica de su vida. La risa de las otras mujeres podría representar un elemento de auto-punción; Freud considera los sueños displicentes como sueños punitivos, es decir, el castigo en el sueño sería una expresión simbólica de autocensura por un deseo prohibido (como la infidelidad, recordemos que más adelante ella se resiste al placer del comercio sexual con desconocidos). Finalmente, la piscina llena de cadáveres simboliza la acumulación de deseos reprimidos y su incapacidad para gestionarlos según las expectativas que ella misma se ha impuesto.

Obviamente, esta es una explicación sugestiva; y aunque el personaje realmente actúa conforme a esos miedos, que la labor psicoanalítica ha descubierto, no debería tomarse en serio esta explicación. Podríamos pasar horas y horas revelando detalles y significados, pero quiero detenerme en un detalle que he dejado pasar y que se vincula con lo que he mencionado al inicio. El sombrero de ala ancha es seguramente un elemento que Kundera ha considerado después de leer el siguiente relato de Freud:

(Fragmento del sueño de una mujer joven, agorafóbica a consecuencia del temor a la tentación). Es verano y salgo de paseo por las calles. Llevo puesto un sombrero de paja de forma singular, curvado su centro hacia arriba y pendientes los lados (al llegar aquí se detiene un momento la sujeto como si vacilase en continuar su descripción) de manera que uno de ellos cuelga más bajo que el otro. Me siento alegre y segura, y al pasar junto a un grupo de jóvenes oficiales pienso: «Todos vosotros no podéis nada contra mí».

En el análisis, responde Freud, al ver que la sujeto no asocia nada al sombrero de su sueño, le digo: «El sombrero es, quizá una representación de los genitales masculinos, con su parte central erecta y las dos partes laterales colgando». Intencionadamente me abstengo de interpretar el detalle de la desigual altura a la que cuelgan los lados del sombrero, aunque precisamente la determinación de semejantes detalles es la que señala el camino a la interpretación. Luego, añado: «Su sueño le indica que, poseyendo un marido con unos genitales tan espléndidos, no tiene usted por qué sentir miedo de los oficiales; esto es, desear nada de ellos, pues sus fantasías en las que se imagina usted arrastrada por la tentación, son lo que le impide salir de casa sin alguien que la acompañe y por quien se sienta protegida». Fundándome en material distinto, le había dado ya repetidas veces esta misma explicación de su angustia. La actitud de la paciente después de esta interpretación es interesantísima. Retira su descripción del sombrero y pretende no haber dicho que los lados pendían desigualmente. Pero yo estoy demasiado seguro de haber oído bien para dejarme inducir a error y me mantengo firme. Entonces permanece algún tiempo en silencio y encuentra luego ánimos para preguntarme por qué tendrá su marido un testículo más colgante que otro y si les sucede lo mismo a todos los hombres. Con esto queda esclarecido el singular detalle del sombrero y obligada la paciente a aceptar la interpretación en su totalidad.

Probablemente, el sombrero de ala ancha esté relacionado con las constantes infidelidades de Tomás. Nunca lo sabremos. Es posible que este detalle psicoanalítico y la mención del nombre de Freud en la obra de Kundera sean una simple coincidencia.

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