Sueños y estímulos sensoriales

El reloj negro, de Paul Cézanne

En esta ocasión, presento una variedad onírica única y distintiva, y fácilmente reconocible: me refiero a los sueños impulsados por estímulos sensoriales. Es decir, la incursión de algún ruido repentino externo que se filtra en los sueños y crea diversas imágenes; como en las caricaturas donde los personajes, mientras duermen, interpretan la presencia de una mosca en la habitación cuando son estimulados con una pluma. En este caso, el sueño es el guardián del reposo e intenta integrar los estímulos externos a una narrativa. Freud no fue el único en considerar este efecto; de hecho, él citó ejemplos de Hildebrandt. Y antes de ellos, Artemidoro también mencionó que los sueños pueden ser afectados por necesidades corporales o eventos recientes que se representan directamente en el sueño. Para comprender mejor la influencia de los estímulos externos en los sueños, proporcionaré unos ejemplos del libro de Freud.

Sueño 1

«En una mañana de primavera paseo a través de los verdes campos en dirección a un pueblo vecino, a cuyos habitantes veo dirigirse, vestidos de fiesta y formando numerosos grupos, hacia la iglesia, con el libro de misa en la mano. Es, en efecto, domingo, y la primera misa debe comenzar dentro de pocos minutos. Decido asistir a ella; pero como hace mucho calor, entro, para reposar, en el cementerio que rodea la iglesia. Mientras me dedico a leer las diversas inscripciones funerarias oigo al campanero subir a la torre y veo en lo alto de la misma la campanita pueblerina que habrá de anunciar dentro de poco el comienzo del servicio divino. Durante algunos instantes la campana permanece inmóvil, pero luego comienza a agitarse y de repente sus sones llegan a hacerse tan agudos y claros que ponen fin a mi sueño. Al despertar oigo a mi lado el timbre del despertador».

Sueño 2

«Es un claro día de invierno y las calles se hallan cubiertas por una espesa capa de nieve. Tengo que tomar parte en una excursión en trineo, pero me veo obligado a esperar largo tiempo antes que se me anuncie que el trineo ha llegado a mi puerta. Antes de subir a él hago mis preparativos, poniéndome el gabán de pieles e instalando en el fondo del coche un calentador. Por fin subo al trineo, pero el cochero no se decide a dar la señal de partida a los caballos. Sin embargo, éstos acaban por emprender la marcha, y los cascabeles de sus colleras, violentamente sacudidos, comienzan a sonar, pero con tal intensidad que el cascabeleo rompe inmediatamente la tela de araña de mi sueño. También esta vez se trataba simplemente del agudo timbre de mi despertador».

Sueño 3

«Veo a mi criada avanzar por un pasillo hacia el comedor llevando en una pila varias docenas de platos. La columna de porcelana me parece a punto de perder el equilibrio. “Ten cuidado —le advierto a la criada—, vas a tirar todos los platos”. La criada me responde, como de costumbre, que no me preocupe, pues ya sabe ella lo que se hace; pero su respuesta no me quita de seguirla con una mirada inquieta. En efecto, al llegar a la puerta del comedor tropieza, y la frágil vajilla cae, rompiéndose en mil pedazos sobre el suelo y produciendo un gran estrépito, que se sostiene hasta hacerme advertir que se trata de un ruido persistente, distinto del que la porcelana ocasiona al romperse y parecido más bien al de un timbre. Al despertar compruebo que es el repique del despertador».

Sueño 4

M. Simon refiere un sueño en el que vio varias personas gigantescas sentadas a comer en derredor de una mesa y oyó claramente el tremendo ruido que sus mandíbulas producían al masticar. Al despertar oyó las pisadas de un caballo que pasaba al galope ante su ventana.

Referencias

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