Sueños y la Realización de Deseos
La idea de que los sueños cumplen deseos se vincula fuertemente con el psicoanálisis y su visión sobre la función de los sueños. Sin embargo, ya entre el 900 a. C. y el 500 a. C., los Upanishads, escritos sagrados hinduistas, ofrecen dos explicaciones sobre el significado de los sueños; una de ellas dice que los sueños son la manifestación de anhelos internos de la persona que sueña. Además, Hipócrates también especuló sobre la posibilidad de que todos los sueños cumplen deseos. Diversas perspectivas convergen en la conexión entre los sueños y la realización de deseos. Jung también admite la posibilidad de que los sueños cumplen deseos, pero se distancia de Freud al afirmar que esa no es la naturaleza de todos los sueños; en su opinión, existen otros tipos de sueños más.
Debo admitir que en ocasiones mis sueños han sido francas realizaciones de deseos. Y si atendemos a los sueños de los niños, veremos que con frecuencia sus sueños son realizaciones de deseos. De hecho, hay un estudio que abordó la frecuencia y diversidad de los sueños infantiles. La conclusión del estudio sugiere que este tipo de sueño desempeña una función específica: disipar la carga emocional acumulada durante el día y contribuir a la reducción de la emotividad subjetiva en el día siguiente. Es decir, los sueños ayudan a aliviar las tensiones emocionales permitiendo que los niños enfrenten el día siguiente con menor carga emocional.
Para finalizar, no recuerdo muchos sueños de niños, pero tengo algunos ejemplos que Freud incluyó en su libro.
Una niña de diecinueve meses es tenida a dieta durante todo el día, a causa de haber vomitado al levantarse por haberle hecho daño, según declaró la niñera, unas fresas que había comido. En la noche de aquel día de abstinencia se le oye murmurar en sueños su nombre y añadir: «Fresas, frambuesas, bollos, papilla». Sueña, pues, que está comiendo y hace resaltar en su menú precisamente aquello que supone le será negado por algún tiempo.
Análogamente sueña con una prohibida golosina un niño de veintidós meses que el día anterior había sido encargado de ofrecer a su tío un cestillo de cerezas, de las cuales, como es natural, sólo le habían dejado probar tres o cuatro. Al despertar exclama, regocijado: «Germán ha comido todas las cerezas».
Un niño de cinco años y tres meses no pareció muy satisfecho durante una excursión a pie por las inmediaciones de una montaña conocida con el nombre de la Dachstein; cada vez que aparecía a la vista una nueva montaña preguntaba si aquélla era la Dachstein, y se negó después a andar hasta una cascada que visitaron los que con él iban. Achacóse al cansancio esta conducta del niño, pero su verdadero motivo se reveló cuando a la mañana siguiente contó el sueño que había tenido y que era el de haber subido a la Dachstein. Sin duda había esperado que el fin de la excursión fuera el de subir a esta montaña y le disgustó mucho no llegar siquiera a verla. Su sueño le compensó de lo que el día le había negado.
Idéntico fue el sueño de una niña de seis años, cuyo padre tuvo que interrumpir su paseo, por lo avanzado de la hora, cuando ya llegaban al fin que se habían propuesto alcanzar. Al regresar, había llamado la atención de la niña un nombre inscrito en un poste indicador, y el padre le había prometido llevarla otro día al punto a que correspondía dicho nombre. A la mañana siguiente, lo primero que la niña dijo a su padre fue que había soñado que iba con él, tanto al sitio que no habían alcanzado la víspera como a aquel otro al que le había prometido llevarla.