Sueños lúcidos

Freud mencionó que el marqués D’Hervey tenía un control tan avanzado sobre sus sueños que podía acelerar su curso y dirigirlos a su antojo. Así, el deseo de dormir se transformaba en el deseo consciente de observar y disfrutar de sus propios sueños.

Sin embargo, Freud nunca llegó a leer el libro del marqués que documenta más de veinte años de investigación sobre el control de los sueños. En Les Rêves et les moyens de les diriger (Los sueños y los medios para dirigirlos), el marqués describe el desarrollo secuencial para controlar los sueños: Primero, aumentar el recuerdo de los sueños; segundo, tomar conciencia del sueño; tercero, aprender a despertar a voluntad; cuarto, dirigir los sueños.

El siguiente extracto de su libro nos permite hacernos una idea de los experimentos del Marqués:

«Sueño que he descubierto grandes secretos mágicos mediante los cuales puedo evocar las sombras de los muertos, y también transformar a los hombres y las cosas según el capricho de mi voluntad. Primero hago que aparezcan ante mí dos personas que han dejado de existir desde hace varios años, y cuyas imágenes fieles me aparecen no obstante con la más perfecta lucidez. Deseo ver a un amigo ausente; lo veo de inmediato, acostado y dormido en un sofá. Transformo un jarrón de porcelana en una fuente de cristal de roca, a la cual le pido una bebida fresca que brota instantáneamente de un grifo de oro. Había perdido hace varios años un anillo que lamentaba mucho. El recuerdo me viene a la mente. Deseo encontrarlo; expreso este deseo, fijando la mirada en un pequeño trozo de carbón que recojo de la chimenea, y el anillo está de inmediato entre mis dedos. El sueño continúa así hasta el momento en que una de las apariciones que he provocado me encanta y me cautiva lo suficiente como para hacerme olvidar mi papel de mago, y me sumerge en una nueva serie de ilusiones más realistas. Al despertar, me sorprende la idea de que mi voluntad sola había evocado sucesivamente todas esas imágenes. Es cierto que no había sentido ser el juguete de un sueño; pero no obstante, había soñado exactamente lo que había deseado».

Otro que logró contralar sus sueños fue Frederic W. H. Myers, fundador de la Sociedad para la Investigación Psíquica. Sin embargo, lamentó que, con esfuerzo meticuloso, solo logró darse cuenta de que estaba soñando en tres de cada tres mil noches, falencia que atribuyó a sus escasas dotes de soñante.

Hay un pequeño fragmento en el libro de Stephen Laberge que aborda el sueño lúcido de Myers:

Pensaba que estaba en mi estudio, pero observando que los muebles no tenían la nitidez habitual, que todo estaba borroso y de algún modo evadía una mirada directa. Se me ocurría que esto debía ser porque estaba soñando. Esto fue un gran deleite para mí, ya que me dio la oportunidad de experimentar. Hice un gran esfuerzo por mantener la calma, consciente del riesgo de despertarme. Lo que más deseaba era ver y hablar con alguien, para ver si se parecía a la persona real y cómo se comportaba. Recordé que mi mujer y mis hijos estaban fuera en aquel momento (lo cual era cierto), y no razoné en el sentido de que pudieran estar presentes en un sueño, aunque ausentes de casa en la realidad. Por lo tanto, deseaba ver a uno de los criados, pero temía llamar al timbre, no fuera a ser que el sobresalto me despertara. Bajé las escaleras con mucha cautela, después de calcular que sería más seguro encontrar a alguien en la despensa o en la cocina que en el cuarto de trabajo, adonde pensé ir en un principio. Mientras bajaba, miré atentamente la alfombra de la escalera, para ver si podía visualizarla mejor en sueños que en la vigilia. Descubrí que no era así; la alfombra del sueño no se parecía a lo que yo sabía que era en realidad; más bien, era una alfombra delgada y raída, al parecer vagamente generalizada a partir de recuerdos de alojamientos junto al mar. Llegué a la puerta de la despensa, y aquí también tuve que detenerme y tranquilizarme.

La puerta se abrió y apareció un criado, muy distinto de los demás. Esto es todo lo que puedo decir, pues la excitación de percibir que había creado un nuevo personaje me despertó con sobresalto. El sueño era muy claro en mi mente; estaba completamente despierto; percibí su gran interés para mí y lo grabé en mi mente, me atrevo a decir que casi exactamente como lo cuento aquí.

¿Pero qué es el sueño lúcido? Le debemos ese nombre al escritor de Países Bajos Frederik Willems van Eeden, quien hizo las primeras investigaciones serias sobre el tema. En 1913 van Eeden presentó un trabajo a la Sociedad de Investigación Psíquica en el que informó sobre 352 de sus sueños lúcidos.

Van Eeden, al igual que Saint-Denys, adoptó un enfoque experimental de sus sueños, como ilustra el siguiente informe:

El 9 de septiembre de 1904 soñé que estaba ante una mesa, frente a una ventana. Sobre la mesa había diferentes objetos. Era perfectamente consciente de que estaba soñando y pensé en qué tipo de experimentos podría hacer. Empecé por intentar romper el cristal, golpeándolo con una piedra. Puse una pequeña copa de cristal sobre dos piedras y la golpeé con otra piedra. Pero no se rompía. Luego cogí un vaso de cristal de la mesa y lo golpeé con el puño, con todas mis fuerzas, reflexionando al mismo tiempo sobre lo peligroso que sería hacer esto en la vida de vigilia; sin embargo, el vaso permaneció entero. Pero cuando volví a mirarlo al cabo de un rato, estaba roto. Se rompió muy bien, pero un poco tarde, como un actor que falla su entrada. Explicó que "esto me dio una impresión muy curiosa de estar en un mundo falso, hábilmente imitado, pero con pequeños fallos. Cogí el cristal roto y lo tiré por la ventana, para observar si oía el tintineo. Oí bien el ruido e incluso vi a dos perros salir huyendo con toda naturalidad. Pensé qué buena imitación era esta comedia-mundo".[1]

Aquellos que no han vivido un sueño lúcido podrían pensar que esto es fantasía o falsedad. Opinión que persistió incluso después de la primera prueba realizada por Keith Hearne en la Universidad de Hull en 1975. Posteriormente, Stephen Laberge replicó el experimento para su tesis doctoral, reforzando la conclusión de que el sueño lúcido es una realidad. Cabe destacar que prácticas oníricas similares habían sido cultivadas por antiguas tradiciones como la de los yoguis tibetanos y el pueblo Senoi de Malasia.

En definitiva, con la práctica adecuada, la capacidad de dirigir la vida onírica está al alcance de cualquier persona.

Referencias

  1. LaBerge, Stephen Ph.D. "Lucid Dreaming: A Concise Guide to Awakening in Your Dreams and in Your Life".
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